Avanza el curso monográfico sobre «La vocación laical» encaminándose a su recta final. De nuevo, el aula San Pablo acogía la tarde de este lunes, 7 de abril, la sexta sesión de este curso organizado por la delegación diocesana para el Apostolado de los Laicos, con la colaboración de este Instituto Teológico. En esta ocasión, fue la dra. Aurora López Medina, profesora de Derecho Canónico de la Universidad de Huelva, que además es fiscal y defensora del vínculo en el Tribunal Diocesano de Huelva, la encargada de conducir la sesión con el sugerente título «Vocación al matrimonio y la familia».
Desde el inicio de su intervención, la profesora quiso dejar claro que el matrimonio «es una institución de derecho divino natural que, por tener a Dios como autor, no puede variar. La Iglesia recoge y reconoce los elementos fundamentales del matrimonio natural, constatados por la Revelación y elevados por Cristo a sacramento». A partir de estos fundamentos, la profesora introdujo la vocación al matrimonio en el marco de la vocación laical, recordando unas palabras del papa Pío XII (1946) en las que define a los laicos como «la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia».
A continuación, la profesora recordó que el matrimonio es la célula de la sociedad que, en el contexto que vivimos, es lo primero que hay que restaurar, en el sentido de esa llamada a los laicos a restaurar todas las cosas en Cristo: «Hay que redescubrir que es el matrimonio; abrir el apetito de profundizar en el conocimiento del matrimonio como vínculo para una unidad esencial». En este sentido, quiso aclarar en qué consiste esa unidad en la que uno más uno da como resultado otro uno, es decir, que no consiste en que cada una de las partes (hombre/mujer) pierdan su propia identidad o forma accidental de humanidad completa, sino que el hombre activa en la mujer, y viceversa, unas potencialidades que son más que complementarias y les hacen ser uno en su matrimonio, de ahí la verdad revelada en la que la unión del varón y la mujer forman «una sola carne».
Sin duda, el centro de su discurso fue el valor de este vínculo indisolubre que es, sustancialmente, donación de sí mismo, darse completamente hasta negar, incluso, el propio cuerpo. En palabras de la exhortación Amoris Laetitia (n. 132): «Optar por el matrimonio de esta manera, expresa la decisión real y efectiva de convertir dos caminos en un único camino, pase lo que pase y a pesar de cualquier desafío». Desde este prisma, la doctora López quiso abordar la clave del matrimonio como comunidad de vida y amor, una expresión que parece que ha ido sustituyendo a ese primer fundamento que es el vínculo y su indisolubilidad, en el que «lo fundamental es entregarse en ese consentimiento mutuo pues, aunque no haya comunidad de vida y amor, no quiere decir que no haya matrimonio si es que no falta la donación. Los hechos pueden ser disolubles, pero el vínculo no». Así, invitó a mantener la reverencia al otro, el respeto mutuo, incluso cuando ya no hay amor.
Como canonista experta, la ponente reservó un último capítulo para abordar los cánones del CIC dedicados al matrimonio (cann. 1055-1165) aclarando algunas cuestiones terminológicas y falsas concepciones sobre el matrimonio católico. Quiso concluir la profesora con las palabras de dos santos: una de San Manuel González, «dos palos cruzados en cuyo centro haya una Hostia, no es una cruz sino una custodia. Sellad vuestra unión con la Hostia de vuestra Comunión frecuente, y vuestro matrimonio no será cruz, sino custodia de Jesús siempre bendiciéndoos»; y otra de San Juan Pablo II, «quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día».
Tras un pequeño parón de dos semanas, el curso volverá con una nueva sesión el lunes, 28 de abril, de 17:30 a 19:30 hrs., titulada «Retos morales y pastorales de la vida matrimonial y familiar», que contará con la presencia del director del Instituto Teológico San Leandro y párroco de San Juan del Puerto, Dr. Francisco Javier Real Álvarez.



