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Mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva y moderador del Instituto Teológico San Leandro, abrió oficialmente el nuevo curso académico 2025-2026 en el Seminario de Huelva y el Instituto Teológico San Leandro.

La capilla del Seminario Diocesano acogía, la tarde del 30 de septiembre, la Santa Misa de Espíritu Santo presidida por Mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva y moderador del Instituto Teológico San Leandro, concelebrada por el vicario general, D. Emilio Rodríguez Claudio, el rector del Seminario Diocesano, D. Juan José Feria Toscano, el director espiritual del Seminario Diocesano, D. Juan José Alamillos Romero, el director del Instituto Teológico, Mons. Cristóbal Robledo Rodríguez, el decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, D. Manuel Palma Ramírez, y otros sacerdotes de la diócesis que quisieron expresar su afecto y compañía al Seminario y al Instituto Teológico. Del mismo modo, profesores, alumnos, familiares de los seminaristas, autoridades civiles y representantes de instituciones religiosas y culturales de Huelva se hicieron presentes en la celebración religiosa y el acto académico posterior.

La formación teológica al servicio de un movimiento verdaderamente misionero

En su homilía, Mons. Santiago Gómez exhortó a la comunidad del Seminario y del Instituto Teológico a crecer en un talante verdaderamente misionero, con realismo frente a la sociedad actual y a la cultura de la increencia, recogiendo las palabras del papa San Juan Pablo II en la exhortación apóstólica postsinodal Ecclesia in Europa, de rabiosa actualidad: «Muchos creen saber qué es el cristianismo, pero realmente no lo conocen. Con frecuencia se ignoran ya hasta los elementos y las nociones fundamentales de la fe. Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: se repiten los gestos y los signos de la fe, especialmente en las prácticas de culto, pero no se corresponden con una acogida real del contenido de la fe y una adhesión a la persona de Jesús. En muchos, un sentimiento religioso vago y poco comprometido ha suplantado a las grandes certezas de la fe» (EE, 47). «No hemos logrado despertar un movimiento realmente misionero con sus exigencias personales, comunitarias, misioneras y pastorales», continuaba diciendo indicando la importancia de la formación teológica para tener claridad de ideas sobre qué significa evangelizar que no lleven a censurar nuestra propia identidad cristiana católica. «Cada religión y aún cada persona puede recibir la influencia de Jesucristo por los caminos insospechados del Espíritu y el designio de Dios que quiere la salvación de todos los hombres, pero nuestra responsabilidad es ser misioneros en nuestra tierra, ayudando a vivir no en nuestra verdad, sino en aquel que es la Verdad, Jesucristo», prosiguió, invitando a releer el documento Dominus Iesus al cumplirse los veinticinco años de su publicación.

A la conclusión de la homilía tuvo lugar la Profesión de Fe y Juramento del nuevo profesor del Instituto Teológico, el licenciado Juan José Feria Toscano, que se añade como profesor extraordinario al área de Dogmática.

Afrontar el desafío del «saber»

A continuación, el aula magna del Instituto Teológico acogió el acto académico que se iniciaba con las palabras del Rector, D. Juan José Feria, dando la bienvenida a los presentes, recordando la importancia del Seminario Diocesano para la vida de la diócesis y pidiendo oraciones por las vocaciones al sacerdote, anunciando la entrada de cuatro nuevos seminaristas, con lo que la comunidad del Seminario cuenta este curso con catorce seminaristas y dos diáconos culminando su etapa de formación pastoral.

Seguidamente, el decano de la Facultad de Teología de San Isidoro de Sevilla, D. Manuel Palma, dirigió unas palabras en las que quiso subrayar el vínculo de la facultad con nuestro instituto: «En el oratorio Gaudete et Exsultate, que acompaña la vida espiritual de nuestra Facultad, nos preside el mural en el que aparecen san Leandro y su hermano san Isidoro sosteniendo juntos un único báculo episcopal. […] El báculo compartido remite al pastoreo conjunto, a la misión común, y para nosotros es también signo del vínculo que une a la Facultad y al Instituto Teológico en un mismo horizonte de fe, docencia e investigación. […] Al iniciar este curso, pidamos la gracia de vivir nuestro trabajo con la misma pasión con que los Padres de la Iglesia iluminaron a sus comunidades: buscando siempre la verdad, cultivando la fraternidad y siendo instrumentos de comunión».

Por su parte, el director del Instituto Teológico San Leandro, D. Cristóbal Robledo, tras saludar a las autoridades y a todos los presentes, expresó la ilusión seguir creciendo como institución docente al servicio de la Diócesis de Huelva, consolidando sus propuestas formativas y apostando por la calidad educativa. «Queremos afrontar el desafío del “saber” trasladando a nuestros alumnos el gusto y el anhelo por el conocimiento teológico y todo lo relacionado con el misterio de Dios y de la salvación». Así confirmó la disponibilidad del Instituto, al servicio del Seminario y de todas las Delegaciones diocesanas para «colaborar en una formación cualificada de los futuros sacerdotes de nuestra diócesis, profesorado de religión y de todos los agentes de pastoral, así como de aquellos laicos que desean adquirir un mayor compromiso cristiano desde el conocimiento teológico».

Anunciar a Jesucristo como nuestro Salvador.

Al concluir su saludo, el director presentó al profesor D. José Arturo Dominguez Asensio, doctor en Teología Dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma y miembro del claustro del Instituto Teológico San Leandro, encargado de la lección inaugural titulada «1.700 años después del Concilio de Nicea». En su magistral exposición el ponente explicó, en un primer momento, el contexto histórico y las causas teológicas que llevaron a la convocación del Concilio de Nicea, desarrollando con suma pedagogía el contenido de la herejía arriana que negaba la divinidad de Jesucristo. De este modo, tomando el esquema del segundo artículo del Credo -Símbolo Nicenocostantinopolitano-, explicó, en un primer momento, las expresiones que explicitan el sentido del origen divino de Jesús, interpretándolo frente a los errores de Arrio; y, en un segundo momento, la historia de la salvación como el deseo de Dios de hacer partícipes de su vida a los hombres a través y por medio de hechos que pueden ser enmarcados en las coordenadas de espacio y tiempo: nacimiento de Jesús, vida oculta, predicación en Galilea, pasión, muerte, resurrección y envío del Espíritu Santo. «La conexión con la parte anterior es clara, pues sólo si el Hijo es Dios y su encarnación es real y verdadera, sólo entonces, puede atribuirse fuerza salvífica a los hechos constitutivos de los mysteria vitae Christi«.

En un segundo momento, el profesor quiso hacer balance de la significación para la historia de la Iglesia del acontecimiento que supuso el Concilio de Nicea: la confesión cristológica de Nicea, primera definición dogmática de la Iglesia y el texto eclesial de mayor autoridad hasta hoy; y cómo este Concilio muestra cómo el acceso a la verdad pasa por la Iglesia, presidida por el colegio de los sucesores de los apóstoles. Prosiguió hablando sobre la conflictiva recepción del Concilio y la decidida defensa de los santos padres, comenzando por San Atanasio, continuando por los tres grandes Capadocios -Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa- y concluyendo con San Leandro, testigo de la caída del arrianismo en España sellada en el concilio III de Toledo (589) con la conversión de Recaredo y los visigodos al catolicismo. 

Quiso concluir el profesor afirmando que «la celebración de los 1700 años del concilio de Nicea recuerda a la Iglesia el sentido de su existencia y de su misión. No es la de anunciarse a sí misma, sino anunciar a Jesucristo como nuestro Salvador. Como dice el Documento de la CTI, proclamar a Jesús como nuestra salvación requiere ante todo dejarnos asombrar por la inmensidad de Cristo, para que todos puedan arder de amor por él». 

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